«Traducción oficial» es un término que se usa mucho y se explica poco. Esto es lo que estás contratando exactamente.
Qué la hace oficial
La realiza un traductor acreditado y va acompañada de una certificación que lo respalda. Esa certificación es la diferencia entre un texto traducido —que cualquiera puede producir— y un documento que una entidad acepta como válido.
Una precisión importante: la acreditación corresponde a cada traductor de forma individual, no a la empresa. Cuando alguien dice que su empresa está «avalada» por un ministerio, conviene preguntar qué significa eso exactamente. Nosotros trabajamos con traductores oficiales debidamente acreditados y asignamos el que corresponde según el idioma, el documento y el servicio.
Qué recibes
- La traducción íntegra del documento: nada resumido, nada omitido.
- La reproducción de todos los elementos gráficos con texto: sellos, firmas, membretes, códigos de barras con leyenda, anotaciones al margen.
- La estructura del original: si el documento tiene una tabla de notas, la traducción tiene la misma tabla.
- La certificación del traductor, con sus datos de acreditación.
- Firma y sello cuando el destino los exige.
- Un archivo PDF listo para imprimir o para cargar en el portal de la entidad.
Qué no incluye
- La apostilla, que es un trámite aparte ante la Cancillería y se cotiza por separado.
- La notarización, que solo algunos trámites exigen y también se cotiza aparte.
- El envío físico, que tiene un costo adicional según la ciudad.
- Garantía de aceptación. La decisión sobre si un documento sirve corresponde exclusivamente a la entidad que lo recibe.
Cómo se revisa antes de entregar
Antes de darte el documento por terminado se verifican los nombres propios contra el original, las fechas y su formato, las cifras y los separadores decimales, la correspondencia de las tablas, y que no falte ningún sello, firma o anexo. Es la parte menos visible del trabajo y la que evita que te devuelvan el expediente.
